Sedentarismo

Cómo afecta tu salud, aunque hagas ejercicio

Durante años hemos asociado la inactividad física con no hacer ejercicio. Sin embargo, hoy sabemos que el sedentarismo es un problema distinto y silencioso: puedes ir al gimnasio una hora al día y aun así pasar el resto de la jornada sentado. Y eso también tiene consecuencias para tu salud.

Sedentarismo
El sedentarismo se refiere al tiempo prolongado que pasamos sentados o recostados durante el día: frente al ordenador, viendo televisión o utilizando el móvil. Aunque cumplas con las recomendaciones de actividad física —como las de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que sugiere al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado—, pasar muchas horas seguidas sentado puede contrarrestar parte de esos beneficios.
Cuando permaneces sentado por largos periodos, tu metabolismo se vuelve más lento. El cuerpo quema menos calorías, disminuye la actividad muscular y se altera la forma en que procesa la glucosa y las grasas. Esto puede aumentar el riesgo de desarrollar obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Incluso se ha observado que el sedentarismo prolongado se asocia con mayor riesgo de hipertensión y niveles elevados de colesterol.
Además, el impacto no es solo físico. Pasar demasiado tiempo sentado, especialmente frente a pantallas, puede afectar la salud mental. Se relaciona con mayores niveles de estrés, fatiga y síntomas de ansiedad o depresión. El cuerpo está diseñado para moverse, y cuando no lo hace con frecuencia, también lo resiente el estado de ánimo.
Otro aspecto preocupante es que el ejercicio puntual no siempre compensa las largas horas de inactividad. Por ejemplo, una persona que corre 45 minutos por la mañana, pero permanece sentada ocho o nueve horas seguidas en la oficina sigue estando expuesta a los efectos negativos del sedentarismo. El problema no es solo cuánto te mueves, sino cuánto tiempo permaneces inmóvil.
Entonces, ¿qué se puede hacer? La clave está en incorporar movimiento a lo largo del día. Levantarte cada 30 o 60 minutos, caminar unos minutos, usar escaleras en lugar de ascensor o trabajar de pie cuando sea posible puede marcar una gran diferencia. Pequeñas pausas activas ayudan a reactivar la circulación, mejorar la postura y estimular el metabolismo.
También es útil establecer recordatorios para moverte, hacer estiramientos breves o realizar caminatas cortas después de las comidas. No se trata únicamente de cumplir con una rutina de ejercicio, sino de adoptar un estilo de vida menos sedentario en general.
Es por ello, que hacer ejercicio es fundamental, pero no basta si el resto del día transcurre sentado. Reducir el tiempo de inactividad y mantener el cuerpo en movimiento de forma constante es una estrategia poderosa para proteger tu salud a largo plazo. Porque no solo importa cuánto entrenas, sino cuánto te mueves durante todo el día.

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