Vitamina D

¿por qué tantas personas tienen deficiencia?

La vitamina D es un nutriente esencial para el buen funcionamiento del organismo. Participa en la absorción del calcio, fortalece los huesos, contribuye al sistema inmunológico y también influye en el estado de ánimo. Sin embargo, millones de personas en el mundo presentan niveles insuficientes. ¿Por qué ocurre esto si nuestro propio cuerpo puede producirla?

Vitamina D
La principal fuente de vitamina D no es la alimentación, sino la exposición al sol. Cuando la piel recibe radiación ultravioleta B (UVB), sintetiza vitamina D de forma natural. El problema es que los estilos de vida actuales han reducido considerablemente esa exposición. Pasamos la mayor parte del tiempo en interiores: trabajando en oficinas, estudiando o utilizando dispositivos electrónicos. Incluso cuando salimos, solemos usar protector solar —algo fundamental para prevenir el cáncer de piel—, pero que también disminuye la producción cutánea de esta vitamina.
Otro factor importante es la ubicación geográfica. En países alejados del ecuador, durante los meses de otoño e invierno la intensidad del sol es insuficiente para estimular una producción adecuada. Además, las personas con piel más oscura tienen mayor cantidad de melanina, lo que reduce la capacidad de sintetizar vitamina D con la misma exposición solar que alguien de piel clara.
La alimentación tampoco ayuda demasiado. Pocos alimentos contienen vitamina D de forma natural. Se encuentra en pescados grasos como el salmón, la sardina o el atún, en el hígado y en la yema de huevo. Algunos productos están fortificados, como ciertas leches o cereales, pero muchas dietas modernas no incluyen estos alimentos de manera regular.
La edad también influye. A medida que envejecemos, la piel pierde eficacia para producir vitamina D. Además, los adultos mayores suelen exponerse menos al sol y pueden tener dietas más limitadas. Por otro lado, el sobrepeso y la obesidad se asocian con niveles más bajos, ya que la vitamina D, al ser liposoluble, puede quedar “atrapada” en el tejido graso.
Las consecuencias de la deficiencia pueden ir desde fatiga y debilidad muscular hasta problemas óseos como osteopenia u osteoporosis. En niños, una carencia severa puede provocar raquitismo. También se ha relacionado con mayor riesgo de infecciones y alteraciones del estado de ánimo.
¿Qué se puede hacer? Lo primero es consultar con un profesional de la salud y, si es necesario, realizar un análisis de sangre para conocer los niveles. Una exposición solar moderada y segura, una alimentación equilibrada que incluya fuentes naturales y, en algunos casos, suplementación bajo supervisión médica, pueden marcar la diferencia.
La deficiencia de vitamina D no es solo un problema individual, sino un reflejo de nuestros hábitos modernos. Comprender sus causas es el primer paso para prevenirla y proteger nuestra salud a largo plazo.

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