El cierre progresivo del mercado de carne de perro en Corea del Sur marca un antes y un después en la historia cultural y social del país. Tras siglos de tradición, el gobierno surcoreano aprobó en 2024 una ley histórica que prohíbe la cría, sacrificio, distribución y venta de carne de perro para consumo humano, iniciando un proceso de transición que culminará en 2027.
Este cambio no ha sido repentino, sino el resultado de una transformación profunda en la sociedad. Durante décadas, platos como el bosintang formaron parte de la gastronomía tradicional, asociados a creencias sobre sus beneficios para la salud. Sin embargo, el auge de los animales de compañía ha cambiado la percepción: hoy, millones de perros son considerados miembros de la familia, y el consumo de su carne ha caído drásticamente.
La nueva legislación no solo prohíbe la industria, sino que también establece sanciones severas. A partir de 2027, quienes incumplan la norma podrían enfrentar penas de cárcel de hasta dos años o multas significativas. Además, el gobierno ha implementado ayudas económicas para facilitar la reconversión de los trabajadores del sector hacia otras actividades.
El impacto ya es visible. En apenas un año desde la aprobación de la ley, alrededor del 40% de las granjas dedicadas a la cría de perros para consumo han cerrado sus puertas. Este cierre masivo refleja tanto la presión legal como el cambio en la opinión pública, donde la mayoría de la población rechaza hoy esta práctica.
Sin embargo, el proceso también plantea desafíos importantes. Uno de los principales es el destino de cientos de miles de perros que eran criados para el consumo. Se estima que cerca de medio millón de animales requieren reubicación, lo que ha generado preocupación entre activistas y autoridades por la capacidad de los refugios y las políticas de adopción.
Más allá de las dificultades, el cierre del mercado de carne de perro simboliza un cambio cultural profundo. Corea del Sur se suma así a una tendencia global que prioriza el bienestar animal y redefine la relación entre humanos y animales.
Este hito no solo transforma una industria, sino que también refleja una sociedad en evolución, capaz de cuestionar sus tradiciones y adaptarse a nuevos valores. El fin de este mercado no es solo una decisión política: es el reflejo de una nueva conciencia colectiva.
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