La poliomielitis (o simplemente polio) es una enfermedad infecciosa transmitida por un virus (poliovirus), que puede contagiarse entre las personas por vía fecal-oral (puede propagarse por las heces, el agua, alimentos contaminados) y en ocasiones por vía oral-oral (por la saliva). El virus invade el sistema nervioso central, y en un 0,5-1% de los casos la poliomielitis provoca parálisis en pocas horas, que puede ser más o menos extensa, causando debilidad o atrofia muscular, y en ocasiones deformidades.
Fue descrita por primera vez en el siglo XIX, pero no fue hasta principios del siglo XX cuando se clasificó la enfermedad según su gravedad y se comprendió el mecanismo de acción del virus.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el estadounidense Jonas Salk desarrolló la primera vacuna contra la poliomielitis que consiguió controlar la enfermedad. Más tarde, el polaco Albert Sabin modificó la vacuna para hacerla efectiva por vía oral, que todavía se usa hoy.
La población más afectada son los niños menores de cinco años, lo que incrementa el drama que supone esta enfermedad para las familias, y también para los países afectados, que ven mermada su población más joven. Sin embargo, cualquier persona que no haya sido vacunada puede llegar a contraer la enfermedad, sin importar su edad.
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